El Coronavirus de la edad media, la Peste Negra

En este momento tan difícil, me gustaría compartir una pequeña reflexión sobre una semejante situación que vivimos en el pasado. Os quiero hablar de una enfermedad que hace muchos siglos minó la salud/salvación de todo un planeta, podríamos definirla como el Covid-19 de la edad media y es la famosa Peste.

ORIGEN DE LAS PANDEMIA

Durante su evolución, la humanidad a tenido que superar muchos obstáculos y enfrentarse muchas enfermedades/pandemia. Siempre las ha habido, es más, su difusión sigue el paso del desarrollo de las civilizaciones. Tanto en /desde la prehistoria, pasando por textos bíblicos (un ejemplo metafórico son las yagas de Egipto describida en el Éxodo) hasta llegar al periodo clásico. Durante el Imperio Romano cualquier de estos dramático acontecimientos venía tachado como “pestilenstis” es decir contagiosos, insalubre, malo.

IMAGINARIO COLECTIVO REPRESENTACIONES ARTÍTICAS

Unos de los casos más emblemáticos se remontan a la edad media y en particular a la famosa peste de mitad mil trecientos que arrasó con gran parte de la población europea. La dimensión de la muerte formaba parte integrante del día a día. De la cuestión se hablaba líberamente (mucho más de cuanto hablamos nosotros) y no había ningún tabú. Como por cualquier aspecto de la vida no faltaron ocasiones para elaborar el tema en campo artístico también. En la iglesia de Taby, a las afueras de Estocolmo se encuentra esta singular representación en la cual un hombre está jugando su partido, de ajedrez, con la “dama negra”. En Palazzo Abetellis en Palermo se aloja un fresco anónimo de impresionante calidad. Ejemplos similares se encuentran en Toscana también: en el cementerio museal del Campo Santo de Pisa, a pocos pasos de la famosa Torre, se encuentra un extraordinario ciclo de fresco datable a mediados del siglo XIV. Mientras si estás en Florencia, en el refectorio de S.Croce

¿PORQUE SE LLAMA MUERTE NEGRA?

Estas pestilencias eran de varios tipos. La más grave era la pulmonar: cuando te contagiaba empezaba a afectar el aparato respiratorio, subir la fiebre y en un par de días ya “la habías palmado”. Como un coronavirus, pero mucho más agresivo y sobre todo rápido. La que todo el mundo temía porque sus dolores tardaban en acabar era la peste bubónica. Se llamaba así por los bubones que se formaban en el cuerpo del desafortunado. Eran la reacción de las glándulas a la infección. Una vez que los nudos linfáticos se anchaban demasiado porque no podían retener la presión, la sangre infecta empezaba a circular por todo el cuerpo obstruyendo las vías sanguíneas. Las extremidades, como los pies, las manos y los dedos eran las primeras en sufrir la falta de aporte sanguíneo y se ponían negras. De ahí que se empezó a nombrarla La Muerte Negra.

ANALOGIAS CURIOSAS

Aunque pensemos a la edad media como los siglos de las tinieblas, en aquel entonces también se trataba de tomar medidas higiénicas para evitar la difusión del virus. Se evitaban las los agrupamientos de personas y esto suponía la modificación de ciertos hábitos sociales y el cierre de las actividades. Para hacer frente a la emergencia sanitaria existían confradías como “La Confraternita de la Misericordia” que luchaba en primera línea para ayudar las capas más necesitadas. Se los reconocías por su largo traje oscuro con una capucha amplia que les ocultaba el rostro manteniendo secreta su identidad. Uno de los lemas era de hecho “el bien se hace de forma anónima”.
Asimismo las estrafalarias mascaras de nariz larga servían para defenderse del “mal invisible”. No sabía lo que era un virus pero estaba claro que se trasmitía fácilmente, ¿talvez con el olor? En dichas cavidades se ponían esponjas embebidas de vinagre, popurrí y mezclas de especias. A lo mejor no tanto como las modernas y demandadas mascaritas sanitarias, pero aquellas también, obligando a mantener la distancia, de alguna forma surtían cierta eficacia.
Algunos aspectos se han quedado hasta el día de hoy, como por ejemplo cuando solemos decir “salud” a alguien que estornuda o tose. Literalmente esta palabra viene de una expresión antigua que significa “sálvate” y se la decían al sospechoso para desearle la salvación.

EL ARTE SOBREVIVE

Una reflexión sobre el hecho que después de estas crisis tenemos los momentos más floridos/alguido de la humanidad, y de su espíritu resiliente. Grandes obras han nacido de la peste: el Decamerón de Boccaccio, los frescos de Pontormo en la Cartuga del Galluzzo. Asímismo algunas de las obras maestras del Arte universal han surgido después de la tragedia. Filippo Brunelleschi que hacía la hemosa cúpula de Santa María del Fiore, Donatello esculpiendo el David, Lorenzo Ghiberti forjando las Puerta del Paraíso; Todos ellos son hijos de la peste.

No niego que sea una situación crítica bajos muchos aspectos, pero talvez haya oportunidades. Nos han obligado a parar, y solo estando parados podemos darnos cuenta que este tiempo es para crecer, y pensar a cuales son nuestras prioridades y nuestros valores. Estamos aprendiendo que un metro de distancia es demasiado, que todo el internet de este mundo no vale un beso o un abrazo; que una sociedad sin personas, por más económicamente poderosa que sea, no vale nada; que somos una sociedad interconectada y que los problemas son de todos, los virus no conocen fronteras; que las personas podemos ser maravillosas cuando nos apoyamos, solo juntos y a través de la solidaridad podemos construir una sociedad mejor. Espero de verdad que cuando todo esto termine no nos olvidemos de lo estamos aprendiendo y que nos hayamos convertido en mejores personas.

Como un jardín, que durante el invierno parece inmóvil, pero si uno aprende a escuchar este silencio y a mirar bien y con calma se percata que la vida está ahí, latente, escondida, pero existe. La aparente inmovilidad de las situaciones “sin salidas” nos obliga a buscar otras formas, a reinventarnos, a trasformar lo imposible a posible. Esto es el valor de los problemas, acarrean en sí un extraordinario potenvial, es decir la posibilidad de rescate y reconquista. Caer nos da la oportunidad de aprender a levantarnos.
Sé que es un momento duro, pero sigamos luchando, y dando lo mejor de nosotros. Aprovechemos este tiempo para enfrentarnos al presente y prepararnos al futuro. Porque antes o después la primavera volverá y todo volverá a florecer.

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